COMIENZOS PROMETEDORES (LV)

 

67. El Paraíso perdido, John Milton 

 

Del hombre la primera desobediencia, el fruto 

del árbol prohibido, cuyo sabor mortífero 
trajo al mundo la muerte y todos nuestros males, 
del Edén con la pérdida, hasta que Hombre más alto 
nos devolvió al salvarnos la beatífica sede, 
canta, oh Musa celeste, que en las secretas cumbres
de Horeb y Sinaí al pastor inspiraste
que primero enseñara a la raza escogida
cuál del Caos surgieron los cielos y la tierra
en el principio. Pero, si de Sión el cerro
prefieres, y el arroyo de Siloé, fluyente
de Dios cabe el oráculo, desde ellos yo conjuro 
tu ayuda en beneficio de mi atrevido canto, 
que remontarse intenta con no frenado vuelo 
sobre el monte de Aonia, mientras persigue cosas
que nadie en prosa o verso hasta ahora ha perseguido. 
Tú, sobre todo, Espíritu, tú que a todos los templos
un corazón prefieres que sea recto y puro,

instrúyeme, pues sabes: tú en el primer instante, 

desplegando tus alas poderosas al modo 

de paloma que incuba, cubriste el vasto Abismo 

y lo hiciste fecundo. Lo oscuro en mí ilumina, 

lo en mí abatido eleva y mantenlo elevado,

porque desde la altura de este tema grandioso,

afirmando ante todos la eterna Providencia, 

las vías justifique de Dios hacia los hombres.

(trad. Abilio Echeverría)







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