COMIENZOS PROMETEDORES (L)

 

60. Cumbres borrascosas, Emily Brontë

1801. Regreso en este momento de visitar a mi casero..., el solitario vecino que va a darme más de una preocupación. ¡Esta es una región hermosa! Dudo mucho que fuese posible encontrar en toda Inglaterra un lugar más alejado del bullicio. Es todo un paraíso para un misántropo, y el señor Heathcliff y yo parecemos la pareja ideal para compartir la desolación que nos rodea. ¡Un individuo extraordinario! Lo que menos se ha podido imaginar es cómo simpatizaba con él cuando vi que sus ojos negros se retiraban suspicaces bajo las cejas, conforme me acercaba a caballo, y sus dedos se hundían más profundamente en los bolsillos de su chaleco, con rabiosa determinación, al decirle mi nombre. 

—¿El señor Heathcliff? —le pregunté.



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