SOBRE LA DAMA DEL ALBA (I)
Alejandro Rodríguez
Álvarez (1903-1965), conocido popularmente por el seudónimo de Alejandro
Casona, es uno de los dramaturgos más importantes en el teatro español del
siglo XX. Natural de Besullo, pasó sus años de infancia y adolescencia en
diferentes localidades de la geografía asturiana: Luarca, Miranda, Villaviciosa
o Gijón. Cursó estudios de Magisterio en Madrid. En 1926 publicó El peregrino de la barba florida, en 1929 estrenó en Zaragoza El crimen de Lord Arturo y, en 1930, vio la luz
su libro de poemas La flauta del sapo. En
1931, tras obtener la plaza de Inspector de Educación, asumió el cargo de
director del Teatro del Pueblo, desempeño vinculado al ambicioso proyecto
cultural de la recién nacida República: las Misiones Pedagógicas. En 1932
obtuvo con su obra de relatos Flor de leyendas el
Premio Nacional de Literatura.
Después del estallido de la Guerra Civil, como tantos otros intelectuales españoles, hubo de partir para el exilio. En 1939 se instalará en Buenos Aires, que será su lugar de residencia hasta el regreso a su patria, en 1962. Continuó con su prolífica actividad literaria, estrenando con éxito fuera de España títulos ya emblemáticos en la historia de nuestro teatro, como La dama del alba (1944), La barca sin pescador (1945), Los árboles mueren de pie (1949), Siete gritos en el mar (1952) o La casa de los siete balcones (1955).
La dama del alba se estrenó en Buenos Aires, en 1944. Con Margarita Xirgu en el papel de la Peregrina.
Aunque Nuestra Natacha, Los árboles mueren de pie o La sirena varada —con esta última logró el prestigioso Premio Lope de Vega— fueron altamente estimadas y recibieron una calurosa respuesta del público, el escritor manifestó una especial predilección por La dama del alba (1944), acaso su aportación más lograda y mejor considerada por la crítica y, sin duda, la más célebre de cuantas estrenó. Muchos temas se entretejen en ella: la fuerza del destino, el amor y la muerte, la pugna entre la memoria y el olvido, la aceptación de nuestra irremediable finitud, la fascinación por lo legendario, la superstición o el poder transformador y regenerador del paso del tiempo. Hondamente enraizada en el ambiente rural de su Asturias natal, desprende un aroma popular y costumbrista, pero sin caer en el tosco regionalismo. Con una cuidada construcción y una base argumental que aglutina diversos elementos y motivos folclóricos —la fiesta de San Juan, la leyenda de una misteriosa ciudad sumergida, la aparición milagrosa de una muchacha coronada de flores—, La dama del alba está cargada de un intenso y omnipresente simbolismo: el río, el número siete, la luna, la noche, la guadaña o el reloj, por citar algunos de los más ilustrativos.
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ALEJANDRO CASONA (1903-1965) |
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